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Las meriendas

 

Montse Bradford

 

Vamos a observar a nivel global y energético un día en la vida de un niño, y lo que las normas  sociales nos llevan a hacer.

Empezaremos con la salida de la escuela por la tarde. Los niños han estado todo el día en la escuela, hay ruido, relación con otros niños, normas a respetar, deberes, trabajo, concentración, deportes, etc. Cuando los niños salen de la escuela, necesitan relajarse en un ambiente libre de normativas y reglas. Lo mismo que cuando los adultos salimos del trabajo. ¿Deseamos entonces sentirnos presionados con más tareas? O ¿deseamos tan sólo relajarnos y descansar? 

También a la salida de la escuela los niños tienen hambre, pero hambre normalmente por algo dulce que les relaje y calme. A esta hora, se les llena de chucherías hipercalóricas con azúcares refinados, bollos y chocolates que les quitarán el hambre momentáneamente, al mismo tiempo que les producirán un stress e hiperactividad totalmente innecesarios.

Inmediatamente, y ya desde temprana edad, se les lleva corriendo a las actividades extraescolares en lugar de fomentar una actividad que en la actualidad ya esta casi olvidada: el jugar, y si es al aire libre mejor.

A la salida de la actividad extraescolar, ¡el niño está agotado! Ha estado todo el día fuera de su casa, de su nido, actuando y dando lo que los adultos esperan de él. Lo único que desea es llegar e ir a dormir, ya no tiene ni siquiera hambre.

Con una madre estresada y un niño agotado, se llega a casa. Hay que preparar la cena. Una de las soluciones que se adoptan es el baño o la tele, para poder robar al niño esta calidad de tiempo que necesita con su madre.

Ponemos al niño en el baño, para que juegue y se distraiga, sin darnos cuenta de que energéticamente esto producirá una relajación y un estado de somnolencia mayor. Mientras la madre, cansada y agobiada por todos los quehaceres de la casa, cocina una cena que ya el niño no desea:

    • Es demasiado tarde, es hora de dormir,
    • Ya no tiene hambre, está relajado después del baño, cansado y somnoliento,
    • En el plato, no tan sólo hay zanahorias, sino también estados emocionales de una madre   que no deseaba estar en la cocina. 

Se le sienta al niño delante de la cena y por medio de chantaje emocional con muy diversas variantes, se le obliga a engullir algo que ya no desea. ¿Va a ser realmente saludable esta cena?


Casi inmediatamente, sin tiempo para digerir apropiadamente estos alimentos, se les lleva a la cama y se les obliga a que se relajen y duerman; esperando tener una noche libre de niños sin interrupciones nocturnas.

Después de cada comida, hay que darle al cuerpo tiempo para digerir, por lo menos dos horas, para que así podamos utilizar las horas de descanso para reparar y relajarnos, no para digerir el huevo frito que hemos comido a las 10 de la noche! Esta forma de cenar tan tarde, repercute directamente en la salud de todos. El hígado se siente saturado y todo el sistema digestivo cargado, ya que no se ha hecho una digestión adecuada. También repercute directamente en el sistema nervioso, ya que no se habrá podido recuperar con las horas de descanso, ¡había que digerir!

Al día siguiente, vemos a los niños cansados por no haber descansado apropiadamente, y sin hambre para el desayuno, ya que la cena no se ha digerido y asimilado apropiadamente.

Empezamos de nuevo otra batalla, la batalla de levantar a un niño cansado y de darle un desayuno que no desea. Lo único que deseará será un zumo o algo líquido para poder depurar y ayudar al hígado a sentirse más ligero.

Así pues, ya con otra batalla en nuestro haber, enviamos a nuestros hijos sin casi desayuno a la escuela, para que estudien y aprendan.

Realmente ¿tiene sentido la forma de enfocar y planear el día? Vamos a generar unos niños sanos, alegres y con vitalidad orientándolos a adoptar este estilo de vida? Nos sentimos como padres realmente contentos, con el tiempo que les dedicamos? Estamos presentes, dándoles calidad emocional a nuestros hijos?

Vaso con zumo de naranjas♥ OPCIONES SALUDABLES: Un tentempié ligero.

Sugeriría darles algo ligero y con poca cantidad, que no les quite el hambre para la cena. Si les damos azúcares rápidos (bollería, pastelería, chocolates, etc.) les quitaremos el hambre para la cena, además de generarles más hiperactividad y stress. Los niños necesitan relajarse después de la escuela, no estimularles.

Si nos dirigimos ya directamente a casa, incluso, nos podríamos preguntar, si realmente necesitan merendar?


Pero si a la salida del colegio, el niño desea algún tentempié, podemos optar (dependiendo de la estación del año y de cómo se encuentre el niño) por:

- Una pieza de fruta.
- U
n zumo de frutas.
-
Un puñado de frutos secos y semillas.
- Una mezcla de frutas secas y frutos secos.
- Un poco de compota de fruta cocida.
- Un batido de frutas casero.

- Galletas de arroz.
- Crujiente de frutos secos.
- Pastel casero aunque recomiendo dárselo mejor después de la cena.
- Arroz con leche y canela.
- Una rebanada de pan integral con mermelada natural o compota.
- Una rebanada de pan integral con algún pate salado.

 

Montse Bradford

 

Montse Bradford. Experta en nutrición Natural y Energética.

Escritora y terapeuta de psicología Transpersonal y Vibracional. Imparte seminarios por toda Europa.

Galardonada con el PREMIO VERDE 2008, por su trayectoria profesional a favor de la alimentación responsable y desarrollo sostenible.

www.montsebradford.es

 

 

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