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Cuéntame cuentos

 

Rocío Gras

 

La importancia de la lectura es algo evidente en todas las áreas de aprendizaje. Muchas de las dificultades escolares se reducirían si los niños leyeran con más fluidez y comprendieran a la perfección el contenido del texto. Sin embargo, no es así. Los problemas de lectoescritura son cada vez más evidentes en las aulas, perjudicando el estudio en cursos posteriores.

Como cualquier habilidad, mejora con la práctica, por ello es imprescindible dedicar unos minutos diarios para acercar a nuestros hijos al maravilloso mundo de la lectura. Pero no hemos de transmitirles que es una obligación, pues entonces perdería todo su encanto. Han de experimentar que es algo divertido y emocionante, ya que pueden vivir un montón de aventuras sin moverse de casa. También han de comprender que es beneficioso para ellos y podemos planteárselo como un reto para que se superen a sí mismos.

Puede ser útil crear un registro de lectura, en el que anotaremos la fecha y las palabras que lee por minuto.  Mensualmente realizaremos un gráfico que refleje sus avances y así se sentirá satisfecho por lo mucho que mejora con la práctica. La tabla que aparece a continuación nos puede servir de referente para comprobar el nivel adecuado a su edad.

Además de aumentar la velocidad, hemos de prestar atención a la comprensión. Tras leer un párrafo hemos de ir haciéndole preguntas sobre el contenido para ver si lo ha asimilado. Al finalizar todo el relato, le diremos que nos vuelva a contar lo que recuerde. También se puede comentar lo leído, imaginar cómo va a terminar la historia, ponernos en el lugar de los personajes, pensar en si alguna vez nos ha sucedido algo parecido, dar nuestra opinión sobre lo que hubiésemos hecho, etc.

Pero es muy difícil desarrollar un hábito si los padres no predicamos con el ejemplo. Si nos interesamos por los libros que nuestros hijos leen, descubriremos diferentes formas de enseñarles valores y normas, porque podremos utilizar a los protagonistas para ejemplificar nuestros argumentos y mostrarles formas diferentes de resolver sus conflictos. También pueden ser muy útiles para expresar sentimientos y llenar de fantasía los problemas diarios, brindándonos una excelente herramienta para comunicarnos con nuestros pequeños.
 
Las visitas a la biblioteca también pueden ser algo fascinante. A muchos niños les gusta tener su carné para poder llevarse libros a casa, y en algunas hacen actividades que pueden resultar muy interesantes. Si conseguimos que se entusiasmen con la lectura, podemos animarles también para que escriban relatos adecuados a su edad. Al principio serán breves historias, pero poco a poco pueden ir ampliándolas introduciendo nuevas experiencias y personajes. De esta forma enriquecerán su vocabulario, mejorarán la ortografía, la expresión y la creatividad. También podemos personalizarlos con dibujos o fotografías.

Si queremos usar los cuentos para tratar conflictos hemos de seguir una serie de pasos:

1º   De qué tema voy a hablar.

2º   Qué personajes van a aparecer. El niño debe identificarse con ellos y los describiremos con todo lujo de detalles.

3º   Dónde va a desarrollarse la acción.
 

4º   La extensión y el lenguaje deben adecuarse a cada edad, pero que no nos dé miedo utilizar diversos sinónimos para ir ampliando su vocabulario.

5º   El final debe ser sorprendente e incluir una moraleja.

La historia que aparece a continuación habla de Pablo, un niño de 6 años que tiene problemas con Lucas, un compañero de clase. Ambos niños se han peleado en el patio y Pablo, en lugar de contárselo a sus padres, ha permanecido en silencio y éstos se han enterado por la profesora. Sus padres quieren que confíe en ellos y que no se pelee con otros niños. Podemos inventarnos una historia parecida a ésta:


El príncipe Pabloski vivía feliz en su reino. Tenía un palacio maravilloso en el que se lo pasaba muy bien y, con sólo 6 años, ya sabía montar a caballo, leer y escribir con buena letra. Pero lo que más le gustaba era practicar la puntería con su arco. Cada día, se adentraba en el bosque para tirar flechas a los conejos y a los ciervos. Pero una tarde le sucedió algo extraño junto a una pinada. Un pequeño duende, llamado Luca, se le apareció y empezó a insultarlo, tirarle piedras y lanzar hechizos malignos contra él. El príncipe, al ser atacado, empezó a correr para refugiarse en su castillo. Cuando vio al rey y a la reina no les dijo nada de lo que le había pasado. Le daba mucha vergüenza y tenía miedo de que se enfadaran con él por haber salido huyendo.

Pero Pabloski, estaba muy enfadado. Por eso, al día siguiente reunió a su ejército para resolver el problema por la fuerza:

- Nadie me atemoriza en mi propio reino. Se va a enterar ese duende de quién soy yo. Le atacaremos con nuestras mejores armas para que deje de molestarme. Así podré pasear tranquilo por el bosque. Capitán, prepare a sus hombres. Saldremos al alba.
Al día siguiente cerca de un millar de hombres se dirigían a darle una lección al malvado duende. Pero cuando llegaron a su escondrijo no lo encontraron allí. Por más que buscaron no consiguieron dar con él.

- ¡Sal de tu escondite! No seas cobarde y enfréntate a mí.

El príncipe se sentía fuerte rodeado de sus hombres de confianza, por eso, decidió aguardar hasta que apareciera. Sin embargo el duende poseía la virtud de hacerse invisible y no dio señales de vida. Por lo que al final del día tuvieron que volver a casa.

Cuando regresó a palacio, vio a su padre esperándole a las puertas del castillo.

- ¡Hijo! ¿Dónde has estado? Me tenías preocupado. ¿Por qué te has llevado a mis soldados sin permiso?

- Padre, lo lamento. Pero he tenido una serie de problemas con cierto personaje y he decidido resolverlos por mi cuenta, aunque no ha funcionado y el cobarde al que buscábamos no ha dado señales de vida.

- ¿Y quién lo hubiera hecho? – contestó el rey. – Sólo un necio se hubiera enfrentado a un ejército tan poderoso. Dime Pabloski, ¿quién es más cobarde?, ¿el que evita el peligro o el que obliga a mil hombres a luchar contra uno solo? Querido hijo, ¿con quién has tenido problemas?, ¿y por qué no me has dicho nada?

- Con Luca, el duende del bosque, no puedo jugar allí. No te dije nada por miedo a que pensaras que no soy un digno heredero de tu reino.


- Siempre has de confiar en mí y contarme tus problemas. Eres mi hijo y mi sangre corre por tus venas, serás un buen rey el día de mañana. Pero has de hablar para que los demás podamos comprenderte. No te preocupes, juntos seremos capaces de resolver cualquier problema.

Y dicho esto, cogió a su hijo de la mano y se dirigieron a la pinada. Cuando llegaron el rey gritó:

- Luca, soy el padre de Pabloski. Aparece por favor que quiero hablar contigo.

El duende salió de detrás de un arbusto y se plantó con rostro desafiante ante ellos.

- Aquí estoy, ¿qué queréis de mí?

- Quisiera que llamases a tu padre, el Gran Gnomo. Necesito hablar con él.

El duende dudó unos instantes, pero al final accedió y los llevó a la gruta grandiosa.

- Gran Gnomo –dijo el rey– Perdona que te moleste. Nuestros hijos han tenido algunos problemas y me gustaría hablar contigo.

Ambos adultos se sentaron a dialogar mientras sus hijos les esperaban fuera de la cueva. Tras una larga y tranquila charla, llamaron a Pabloski y a Luca:

- Luca – dijo el Gran Gnomo - ¿por qué no quieres que venga el príncipe al bosque?

- Porque viene con su arco y dispara contra nuestros animales.

- Pero lo hago porque necesito practicar mi puntería – respondió Pabloski.

- Pues tira a las rocas o a otras cosas que no estén vivas y puedan sentir dolor – le contestó el duende enfadado.

- No sabía que te metías conmigo porque te molestaba que hiciera eso. Si lo llego a saber…

- Espero que hayáis aprendido la lección – dijo el rey – la mayoría de problemas se pueden resolver si hablamos de forma pacífica.

La violencia sólo genera más violencia. Ya sabéis: “hablando se entiende la gente”.

De camino a casa, Pabloski abrazó a su padre agradeciéndole lo que había hecho por él.

- Muchas gracias papá. Creo que he de confiar más en ti y pedirte consejo cuando tenga un problema.
 
Desde ese día, Pabloski acudía al bosque todas las tardes para hacer rebotar piedras en el río, lanzar contra grandes rocas y, sobretodo, para ver a Luca, ya que una vez resueltas sus diferencias, se hicieron grandes amigos.

Foto de Rocío Gras

 

Rocío Gras. Psicóloga.
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Tfno.: 96 320 35 75
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