¿Os acordáis cuando tan sólo eran un latido en el vientre de mamá? Nuestros pequeños héroes, los de cada uno, ya han crecido, y están esperando con las mismas ganas de siempre a que llegue la próxima Navidad.… Y está ahí, a la vuelta de la esquina.
Sus cartas a los reyes ya están llenas de tachones, como la de Olivia, la niña del cuento de Elvira Lindo y Emilio Urberuaga. ¡Qué precioso librito!
Y sus conversaciones ya giran casi siempre en torno a los regalos. 'Pues yo me voy a pedir…...' No saben qué escoger. ¡Hay tanto donde elegir!
Nuestros pequeños héroes, los de cada uno, nos han enseñado a esperar, casi con el mismo anhelo que ellos, la llegada de estas fiestas. Nos han mostrado que creer en los cuentos es inteligente, porque los cuentos, también los de Navidad, nos llenan el alma de esperanza y alegría. Por unos días, como cada año, tendremos la oportunidad de olvidarnos, aunque sea un poquito, de la crisis, de la gripe, del estrés.… No todo el mundo podrá. Ya lo sé.
Los niños, mis hijos, me han mostrado ese camino, porque para mí, la Navidad, no siempre ha significado lo mismo. Quiero decir que antes de que nacieran mis pequeños héroes no me sentía a gusto durante estas fiestas, ciertamente cargadas de excesos de todo tipo…. Pero ellos me han devuelto la ilusión… porque contemplo y admiro su ilusión. Nos enseñan tantas cosas nuestros pequeños héroes…
Llevado por este espíritu, convencido de que los milagros imposibles son posibles si así lo deseamos, este año, yo mismo, me he aventurado a escribir mi propia carta a los Reyes (que me perdone el viejo gordinflón de Papá Noel, pero siempre estuve del lado de los Magos de Oriente).
En realidad, no he escrito una carta con demandas o solicitudes. Más bien he hecho una lista de las cosas que no quiero que ocurran, o mejor dicho, de las que no quiero que me sucedan:
» No quiero olvidarme de que ellos, los niños, nuestros pequeños héroes, son lo más importante.
» No quiero que nada: ni el trabajo, ni el dinero, ni eso que llamamos éxito y que sólo alimenta nuestro ego…, ni la falsa ilusión de que la felicidad está sólo en los pequeños placeres, nos aparte de tenerlos siempre como referencia en nuestros actos.
» A pesar de que dirijo una web de ocio familiar, no quiero fomentar en sus padres la idea de que ellos, los pequeños, nuestros pequeños héroes, tendrán una vida mejor si los colmamos de regalos, o incluso, de experiencias.… Las experiencias de ocio (y eso que creo que el ocio es el último reducto de la estabilidad familiar) no sirven demasiado, si detrás, o luego, no está la mirada de un padre o de una madre, que asiente cuando lo hacen bien, que disfruta compartiendo, aprendiendo.
» No quiero olvidarme de que nosotros, los papás y las mamás, pero también los abuelos y los tíos, los profesores y los maestros, los cuidadores ocasionales, y todos los que les acompañamos y guiamos, en uno u otro momento, podemos ser, en realidad, su mejor regalo. También estas Navidades.

Nacho Alejos.
Periodista y director de www.rodalabola.com.
Para hacer sugerencias o realizar comentarios sobre este artículo,
podéis escribir al correo: nacho.alejos@rodalabola.com


