Está usando una versión muy desactualizada de Microsoft Internet Explorer (versión 6.0 o inferior). Esto puede ocasionar errores en la visualización de la página. Le recomendamos que actualice su navegador a la última versión disponible (este enlace conduce al sitio oficial de Microsoft España, donde podrá descargar Internet Explorer 8.0).
La Revista Enlaces
Plataforme de Valores Recursos educativos de Ediciones Lola Pirindola Cuentos Para Dormir
Contacto

calle lauria, 3
46002 valencia
96 394 13 79
info@pequeheroes.com


Aviso Legal

 Volver a los resultados

 

Que toda la infancia es juego, y los niños, niños son

 

Lourdes D. García

 

Nuestros progenitores nunca tuvieron una escuela de padres a la que ir para que les dijeran qué hacer si su hijo no comía. No tenían una supernanny en la tele que les diera pistas de por dónde tirar cuando su pequeño no obedecía. No existía tanta y tan variada literatura acerca de cualquier –y digo bien, cualquier- problema cotidiano por pequeño que fuera. Y por supuesto, de Internet, ni hablamos.

Nuestros padres nos educaron como pudieron y como las circunstancias y la época les dieron a entender. En unas ocasiones con mayor fortuna que en otras, y no sé si es porque lo veo ya muy lejano, pero creo que no dudaban tanto a la hora de actuar de una manera u otra como lo hacemos los padres de hoy en día.

Yo he llegado a una conclusión: estamos obsesionados. Igual que tenemos una imperante necesidad de saber cómo funciona nuestro nuevo móvil de última generación, necesitamos que alguien nos dé las pautas necesarias para saber cómo educar a nuestros hijos. Recientemente, en una reunión de amigas, pregunté: “¿por qué antes los padres no necesitaban orientación –al menos a mí, así me parece- y ahora sí?” Muchas me respondieron: “porque ahora no tenemos tiempo de pararnos a pensar”. No me pronuncié al respecto. Tampoco lo haré en estas líneas. Aún lo estoy analizando, pues no lo acabo de entender.

Yo soy fan de las escuelas de padres y siempre que puedo acudo a reuniones en las que profesionales dan trucos o explicaciones sobre el día a día familiar. ¡Y qué decir cuando quien me atiende es la psicóloga del cole de mi hijo! Ahí estoy, como un clavo, para que me diga qué hacer cuando no me obedece, qué hacer cuando tiene el plato de comida dos horas delante sin apenas menguar, qué hacer cuando… ¿la respuesta? Tan sencilla como “bajar al mundo infantil, hacer de todo un juego y, ya de paso, bajar también el nivel de exigencia”, palabras que caen como un jarro de agua fría sobre una madre consumidora y productora de información sobre educación infantil, eternamente preocupada por establecer unas normas mínimas que conviertan a su hijo en un niño educado primero, y en un adulto responsable después, sin perder nunca de vista la máxima de que sea feliz.

Con todo, que nadie crea que hablo en contra de toda la ayuda que en cuanto a información y asesoramiento tenemos los padres actuales. ¡Al contrario! Tenemos una suerte increíble, pero quizá dejamos de lado nuestro sentido común y lo buscamos en otros lugares (¿A quién no le suena la frase: le hago caso a Estivill o tendrá razón Carlos González?).

Tenemos tantas y tan diversas fuentes de información que muchas veces lo que hacemos es perder el norte. Acudamos y hagamos caso a quienes saben, y tengamos claro que los niños necesitan disciplina, normas y límites desde bien pequeños –no vale eso de “ya lo aprenderá cuando sea mayor”, porque entonces de mayor la batalla ya está perdida-, pero no olvidemos que todo esto hay que establecerlo demostrándoles mucho mucho cariño y sin perder de vista que nuestros hijos son lo que son, es decir, niños en proceso de aprendizaje, para quienes todo pasa por el juego.

 

 Volver a los resultados