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Héroes con lengua de trapo

 

Reyes López García

 

El verano se nos ha escapado…¡ Qué rápido pasa el tiempo…!, si parece que fue ayer cuando nuestros hijos llegaban al mundo y nos encontramos hoy leyendo este artículo relacionado con el lenguaje. Este tiempo de descanso nos ha brindado la oportunidad de poder realizar con los más peques de la casa desde las actividades más divertidas y lúdicas hasta detenernos a valorar si " hablan o no hablan bien para su edad ". Durante las vacaciones comenzamos a darnos cuenta de su escaso nivel de vocabulario, de sus frases pobres o construidas en orden incorrecto y nos fijamos en el hijo de nuestra vecina. Recordamos que nuestra hija mayor hablaba mejor con su misma edad y nos esforzamos en "creer" la observación de la profe en el boletín de notas de final de curso: debéis esforzaros en que hable más y mejor de cara al curso próximo.

Del llanto al arrullo y del balbuceo a la palabra. Así se resumen los inicios, la etapa pre-lingüística de la infancia. A partir del primer año de vida, los pequeños desarrollan los movimientos articulatorios necesarios para ir adquiriendo el lenguaje y algunas de las funciones comunicativas. Los gestos y las vocalizaciones están presentes dando paso al interés y las ganas de hacerse entender y causar como emisor un efecto sobre las personas del entorno.

Entre los 12 y 18 meses se emite la primera palabra aislada acompañada del gesto normalmente para hacerse entender. A partir del segundo año de vida comienzan a combinar las palabras de dos en dos. Estas combinaciones NO se hacen al azar sino que siguen determinadas reglas gramaticales y suelen cubrir las necesidades más básicas del niño: "mamá agua", "papá pan". Cuando el niño cumple su tercer año, el lenguaje experimenta un gran crecimiento, se enriquece. Las emisiones son cada vez más largas y sus construcciones sintácticas más ricas, puesto que además poseen un vocabulario más amplio y variado.

Pero un aspecto muy importante que debe aparecer previo a la expresión y producción de palabras es la capacidad receptiva o comprensión, ya que los niños hasta los dos años deben evolucionar antes en captar, entender y procesar la información que le llega del exterior. No debemos caer en el error de creer que "como son pequeños no nos entienden".

Debemos siempre crearles un clima y contexto agradable, donde se sientan cómodos y deseen comunicarse, adaptando para ello mensajes breves y no ambiguos.

Por tanto… ¿Cuándo debemos alertarnos y por qué?. En primer lugar cuando el niño no comprende o parece que no nos escucha, si se inicia en el lenguaje pero se observa un retroceso. Si comienza a utilizar una jerga infantil que solo entienden las personas más cercanas. Y por último entre las más importantes, cuando no hay un deseo por comunicarse y un escaso o nulo contacto ocular. Para aquellos niños más mayores en los que estos criterios no se cumplen pero se percibe un lenguaje casi ininteligible con cantidad de errores fonéticos, se aconseja una revisión de su lenguaje alrededor de los 3 años y medio. Es a partir de esta edad y sobre todo hacia los 4 años cuando a partir de una exploración fonológica se pueden detectar las dificultades en la articulación o pronunciación de diferentes fonemas o letras.

Dejando de lado el plano más teórico, os indico a continuación algunas recomendaciones a tener encuenta en este proceso: no debéis hablar a los niños como "pequeños": "no toy … mami no ta…" , ni tampoco reírnos de sus errores o comentar delante de ellos que nos parece graciosa su forma de hablar. Cuidado con los diminutivos: poquito, pequeñito, sopita, lechita… no ayudan en el nuevo aprendizaje. Atención al uso de motes o palabras sustitutas: chichi en vez de carne, pipo por chupete,... No debemos correr ante la demanda gestual del niño (si desea algo debe acompañar el gesto de una aproximación verbal ). Premiaremos su esfuerzo por la aproximación a las palabras correctas.

¡Peligro! ¡Hay que retirar chupetes a su debido tiempo, así como tetinas de los biberones! pueden deformar dientes y paladar, protagonistas en el desarrollo articulatorio de las letras. Aconsejo realizar revisiones audiométricas, ya que si no "oyen bien" difícilmente "hablen bien".

Y como moraleja: No acudáis sólo a los especialistas para detectar un problema sino para realizar revisiones rutinarias.

 

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