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Planifica el ocio familiar

 

Nacho Alejos

 

El partido de fútbol de la liga escolar de los sábados, una manualidad realizada entre todos en casa, o la visita al centro comercial con los niños durante el fin de semana, ¿son, todas ellas, actividades de ocio familiar?

Antes de contestar esta pregunta conviene aclarar qué entendemos por ocio. En el tiempo libre cabe cualquier actividad alejada de nuestras obligaciones laborales, pero el ocio se desea, se busca por el placer que esperamos encontrar en cada vivencia concreta.
 
El gozo por la contemplación de la belleza, el ansia de saber más, el gusto por experimentar, la diversión, o la gratificación que supone alcanzar una meta con esfuerzo pueden ser los alicientes del ocio, que siempre supone mucho más que un mero entretenimiento, un dejar pasar el tiempo para evadirse de la rutina. El ocio está relacionado directamente con las preferencias y los gustos personales.

En la etapa inicial de su vida los niños requieren toda nuestra atención. Es un tiempo de experimentación y aprendizaje, también para los padres. Hacia los tres años alcanzan un  importante grado de autonomía, empiezan a jugar solos y buscan un espacio propio. Pero crecen, y comienza entonces la tarea de complementar sus preferencias con las nuestras. La verdad es que solemos decidir por ellos mientras son pequeños, y tendemos a compartimentar nuestro tiempo de ocio cuando alcanzan cierta edad, separando su mundo del nuestro.

El ocio familiar, sin embargo, requiere que las experiencias se compartan. La elección de una actividad cualquiera implica tener en cuenta el gusto de todos y, cuando los niños son mayores, supone organizar nuestro tiempo de forma conjunta. Es cierto: la comunión de intereses no  resulta un objetivo fácil de conquistar, aunque todos entendamos que hay un valor añadido en las experiencias vividas en común, cuando el disfrute llega precisamente del hecho de interactuar, de observar la alegría de los niños, quienes, por supuesto, viven con gozo la satisfacción de sus padres.

La clave está en comenzar a proporcionarles experiencias de ocio compartido desde que son bien pequeños, en adaptarse a su edad y en ir descubriendo, poco a poco, lo que más satisface a todos: pequeños y mayores.

Si lo pensamos bien hay cientos de posibilidades para el ocio familiar muy cerca. ¿O no podemos pasarlo bien todos juntos construyendo un teatro de marionetas en casa, visitando el Oceanográfico, subiendo en globo en Bocairent, comiendo madroños mientras paseamos por la sierra Calderona o haciendo una visita guiada en el Museo de Historia de Valencia?

Todo es ponerse, disponer de una buena información y confiar en que, pasándolo bien,  contribuís a que vuestros hijos sean más felices, creativos, formados e independientes, simplemente porque no sólo estáis con ellos sino que os divertís y compartís con ellos.

Venced la pereza. Pensad que el ocio es, hoy por hoy, teniendo en cuenta el poco tiempo libre del que disponemos, un refugio de estabilidad familiar: la presente y la futura.

Foto de Nacho Alejo

Nacho Alejos.
Periodista y director de www.rodalabola.com.
Para hacer sugerencias o realizar comentarios sobre este artículo,
podéis escribir al correo: nacho.alejos@rodalabola.com

 

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