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Saber decir NO

 

Rocío Gras

 

Después de las vacaciones nos toca volver a la rutina. Para todos es difícil volver a cumplir con los horarios y obligaciones. En muchos hogares las normas se suavizan durante el verano pero, al empezar el curso, tenemos que retomarlas y mantenernos firmes ante las decisiones, porque así les haremos más fácil la incorporación a sus compromisos diarios.

Los niños han de tener obligaciones ajustadas a su edad. Eso les hace más autónomos, responsables y les proporciona seguridad en sí mismos, ya que son capaces de hacer bien lo que les pedimos. Sin embargo, ante la culpabilidad por no dedicarles tiempo suficiente, nos relajamos y les damos un excesivo control de la situación. Muchas veces pensamos: "para un rato que vamos a estar juntos, no voy a pasármelo riñéndole". Y, sin darnos cuenta, estamos favoreciendo que se salgan siempre con la suya.

Para nosotros también es más fácil consentirles los pequeños caprichos que aguantar una pataleta. Pero no hemos de buscar lo más cómodo, sino lo que les educa y les enseña a tolerar pequeñas frustraciones. 

No olvidemos que los padres, abuelos, y demás cuidadores, refuerzan los aprendizajes del niño, por lo que todos hemos de ponernos de acuerdo para que sepa qué está permitido y qué no. El consenso deben mantenerlo ambos padres, sobretodo si no comparten hogar con el niño, o si pasan muchas horas fuera de casa.

Deben entender que no todo es cuándo y cómo ellos quieran. Es importante negociar para llegar a un acuerdo. Pero cuando la decisión ya está tomada, hemos de mantenerla.

Enseñémosles a controlar la ansiedad que, en muchas ocasiones, se transforma en agresividad hacia la persona que les impide conseguir lo que quieren. Al fomentar la paciencia en casa, les estamos ayudando a esperar el turno en clase, escuchar a los demás, respetar las opiniones de otros…

Debemos enseñarles a valorar lo que hacen y hemos de aplicar consecuencias acordes a su comportamiento. Ellos nos ponen a prueba y saben cómo pueden portarse con cada persona. Por eso toda la familia debe fijar unos límites para que quede claro hasta dónde se puede llegar y cuáles son las consecuencias de no obedecer. Porque, si no nos hacen caso con cinco años, ¿cómo van a hacerlo a los quince?

Además, el niño que escucha un "¡no!" a tiempo, aprenderá a decirlo ante el grupo de amigos cuando, en el difícil periodo de la adolescencia, se enfrente a la presión del grupo.

La disciplina implica enseñarles una serie de normas. El proceso no tiene por qué resultar negativo ya que es mucho más eficaz la disciplina positiva (recompensar en lugar de premiar). Sin embargo, en los últimos tiempos se está observando un empeoramiento en el comportamiento de nuestros pequeños, por lo que no podemos ceder ante conductas totalmente inaceptables: gritar, insultar, pegar…

Foto de Rocío Gras

 

Rocío Gras. Psicóloga.
ADONAR-SE
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Tfno.: 96 320 35 75
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