Los celos son una emoción propia del desarrollo normal del niño. Parten de la necesidad de exclusividad y suelen ser vividos como pérdidas de protagonismo, lo cual suele ser bastante doloroso para algunos niños porque temen perder el cariño de sus padres. Los gritos, peleas o lloros hacen que los adultos nos centremos en el celoso, con lo cual incrementamos el problema ya que toda conducta que recibe atención tiende a potenciarse. No se pueden evitar, pero sí podemos ayudarles a que sean menos dolorosos fomentando la autoestima y confianza.
¿QUÉ PODEMOS HACER?
- Explicar los beneficios de ser mayor y desventajas de ser pequeño. El mayor tiende a imitar conductas infantiles (rabietas, chuparse el dedo, volver a mojar la cama…), lo cual puede mejorarse si le damos privilegios "por ser mayor" (irse más tarde a la dormir, elegir la ropa que puede ponerse…)
- Involucrar al mayor en el cuidado del pequeño. Siempre y cuando esté dispuesto a hacerlo, considerándolo una actividad agradable y no una obligación.
- Felicitarles cuando jueguen sin conflictos, fomentando la cooperación, no la competitividad. Para ello podemos sugerirles tareas que deban hacer juntos y premiarles con elogios cuando sean capaces de evitar los enfados.
- Plantear objetivos separados para permitir la diferenciación de los hijos. Hay que tener en cuenta la edad, personalidad, gustos, comportamiento… Hemos de considerarlo a la hora de elegir las actividades, juguetes o ropa.
- Establecer reglas (no se pega, no entrar en la habitación del otro, o coger sus cosas sin permiso…) Por supuesto las agresiones físicas son inaceptables y deberán tener unas consecuencias. También hay que evitar gritos y descalificaciones, o atenciones y dedicaciones excesivas hacia uno de ellos.
- Ignorar las discusiones menores, porque si recompensamos las peleas con nuestra atención, tenderán a repetirse. Además, hemos de enseñarles a resolver conflictos por sí mismos.
¿QUÉ DEBEMOS EVITAR?
- Comparaciones entre hermanos.Cada hijo es único y especial, deben sentirse reconocidos y valorados por como son. Para ello, hemos de compararlos consigo mismo, no con los demás. Tampoco hay que recordarles constantemente sus defectos y hay que evitar comentarios del tipo: "¿Por qué no haces como tu hermano y te portas un poco mejor?"
- Entrometernos en sus discusiones dando o quitando la razón (a no ser que haya agresión). No podemos ser jueces, hemos de enseñarles a resolver los conflictos, pero si piden nuestra ayuda les pediremos que expliquen su versión de lo sucedido mientras el otro atiende sin interrumpir. Tras escucharles resumiremos el problema y les pediremos que piensen cómo solucionarlo.
- Que se chiven. Si permitimos que se delaten, aumentarán los sentimientos negativos.
- Decirles constantemente que han de quererse. El cariño se consigue con el tiempo, no hay que presionarles pues obtendríamos el efecto contrario. Tampoco podemos negar sus sentimientos y hemos de animarles para que hablen de lo que ven justo o injusto.
- Responsabilizar en el cuidado del otro "por ser mayor" o que deba ceder ante las exigencias del pequeño porque ha de dar ejemplo.
Aunque los celos son bastante comunes y forman parte de la vida familiar, se puede hacer mucho para minimizar estas dificultades y evitar que desemboquen en conflictos mayores y resentimientos. Si necesitas ayuda para resolver estos u otros problemas relacionados con la educación de tus hijos, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Rocío Gras. Psicóloga.
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